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Presentación

Hola queridos internautas:
En este blog encontrareis información sobre la Edad Media , sobre todo artículos basados en las vidas de las mujeres en la Edad Media.
Os invito a entrar y a explorar este interesante blog .
¡Que disfrutes!

La mujer en La Edad Media

LA MUJER Y EL ENTORNO SOCIAL

La imagen femenina en la Edad Media se vio muy condicionada por el posicionamiento de los clérigos, la influencia que de la iglesia tiene en el resto del conjunto de la sociedad aumenta si, como es el caso, es ella la que ostenta el poder de la palabra, de la cultura, e incluso de la tradición, algo que ocurría de manera insoslayable en la época medieval.

En esta imagen de que la mujer hace el ámbito clerical de la sexualidad es el eje fundamental, sobre todo a partir de surgir el culto mariano. En este sentido la mujer es tomada como instrumento del demonio –idea originada por la propia iglesia-.

Que la mujer era un “animal” sexual y, por tanto, causante de todos los males, es una idea que aún se mantiene en el siglo XVI
.
Otro detalle que no se debe olvidar es que la iglesia cristiana considera a Eva la culpable del pecado original. Esta idea de que la mujer es la causa del gran pecado causa, por ejemplo, que se niegue la existencia del alma en la mujer, esta sistemática negación dio lugar a una votación en el concilio de Trento, donde se aprobó que la mujer tenía alma tan sólo por un voto de diferencia.

Antes de entrar a comentar la idea que el Islam tiene de la mujer es necesario hacer unas consideraciones previas. Por un lado muchas de las críticas que se hacen al Islam en relación con la discriminación que sufre la mujer, tanto en la Edad Media como en la actualidad, no tienen en cuenta que hay una pervivencia de costumbres anteriores al mensaje de Muhammad, es el denominado tiempo de la yahiliyya (tiempo de la ignorancia), son, por tanto, usos culturales y no preceptos religiosos; un ejemplo es la ablación del clítoris – que dicho sea de paso no es, ni mucho menos, norma habitual del mundo islámico -, pues bien, el Islam prohíbe taxativamente la realización de la ablación del clítoris, como cualquier otro tipo de vejación sobre el cuerpo. Otro ejemplo, el velamiento femenino es fruto de la tradición árabe preislámica, es decir, antes de la revelación islámica, este velamiento ya se puede observar en la tradición judeo-hebraica, y, vuelvo a insistir, en la sociedad árabe preislámica.

Hechas estas salvedades se puede afirmar que la mujer musulmana, al igual que la cristiana, siempre estará bajo la tutela de un varón. En el sistema de valores del Islam medieval la supremacía es la umma (colectividad), y que la representación de esta colectividad, en cualquier ámbito, la protagoniza el hombre; por tanto, el papel que se otorga a la mujer siempre estará subordinado a los deseos del varón.

Lo que sí es cierto es que, dentro del plano secundario a que queda relegado la mujer en el Islam, no tiene influencia el sexo. Al contrario que hemos visto en el mundo cristiano el Islam no considera el gozo corporal o el disfrute sensual como algo malo, sino como un bien que Allah ha tenido a bien ofrecer al ser humano. Esta diferente concepción sobre el disfrute del sexo si marcará unas diferencias, bastante claras, en cuanto a algunos de los conceptos y normas sociales que se establecen en referencia a la mujer. Es más, en la sociedad cristiana ya he mencionado que se considera a la mujer como la incitadora al pecado del hombre en tanto que piensa que es promiscua y poco menos que insaciable en apetencias sexuales, por el contrario la umma islámica es al hombre al que le achaca esta tendencia a la promiscuidad, en este sentido el uso del velo no se impone como elemento marginador de la mujer, sino para evitar que se vea incitada por el hombre a la promiscuidad incontrolada. Otro tanto se puede decir de la reclusión de la mujer musulmana en el hogar – algo parecido ocurre en el mundo cristiano -, esta deriva del mismo motivo que el uso del velo; no obstante no es cierta la imagen que se ha dado en ocasiones de que la mujer musulmana estaba poco menos que prisionera en su propia casa; se puede trazar el mapa de recorridos habituales de las mujeres, que se reparte entre los baños, la visita a los cementerios, la ida a ciertos zocos, el lavado de ropa en el río, etc., es decir, poco más o menos, lo mismo que la mujer cristiana.